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MARCHA EN SAN DIEGO.

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El despertar de la pesadilla americana.

Por la mañana del día 31 de Marzo, el periódico “Frontera San Diego” publicó en su primera plana el anuncio del despido inminente de 1650 trabajadores,  entre maestros y personal administrativo que laboran en escuelas públicas de enseñanza básica y Highschool a consecuencia de los recortes presupuestales del Gobierno del Estado de California, Estados Unidos.

A unas cuadras de donde obtuvimos el periódico “Frontera San Diego”, en el Parque Cesar Chávez se congregaban decenas de trabajadores y trabajadoras que acudían a la convocatoria de un conjunto de organizaciones sociales y sindicales que con la consigna de rescatar el “sueño americano” conmemoraron el aniversario 19 de la muerte del líder chicano Cesar Chávez.  Trabajadoras domésticas, de la limpieza, de los supermercados, y del servicio hotelero comenzaron la actividad con discursos de denuncia, reclamos y  consignas que calentaron el ánimo de los presentes, antes de iniciar la marcha.

Se habló de despidos injustificados, de discriminación laboral, de negativas patronales para pactar un contrato colectivo, de recortes al gasto público, del rechazo a la privatización de la educación pública en California E.U.,  de la represión en contra de los migrantes latinos, de la falta de viviendas, del elevado costo de los servicios de salud que ya fueron privatizados, en suma de un sueño roto que se llama Estados Unidos.

La crisis económica conforme se agrava se convierte en una interminable pesadilla para los miles de trabajadores que son desplazados de sus puestos de trabajo arrastrados por la inercia de las políticas neoliberales que se imponen despiadadamente como la única salida posible.  El Parque Cesar Chávez sin embargo, luce todo el esplendor de la esperanza. El colorido de las banderas, las frases irónicas de las pancartas y la rima de las consignas que se elevan como en un sólo canto que mezcla el inglés y  español, poco a poco van cohesionando al pequeño grupo de manifestantes que comienza a marchar abriéndose paso entre los policías que custodian la protesta.

A pocas cuadras de su arranque, la manifestación crece rápidamente. Se incorporan nuevos grupos de trabajadores identificados por las insignias de sus playeras y las demandas de sus pancartas. Calle abajo se puede apreciar ya la presencia de cerca de dos mil personas en su  mayoría jóvenes entre los 18 y 30 años. Hay una intensa participación de las mujeres que juegan distintos roles en la movilización.  Algunas pegan su boca al micrófono del megáfono para gritar ¡¡Si se puede!! otras en su papel de Marshall de la marcha organizan los contingentes y dan instrucciones a los manifestantes, mientras que otra más, de la mano de sus hijos que las acompañan, reparten botellas con agua.

Unión de Barrio, una de las organizaciones que organizó la gira del SME en la costa Oeste de los Estados Unidos y que durante 30 años ha defendido las causas de los migrantes mexicanos en California, marcha con la exigencia de la libertad a nuestros 12 presos políticos escrita en una delgada manta roja y negra que avanza por delante de su  contingente. La solidaridad de nuestros compañeros de Unión del Barrio es ejemplar como su cariño a México. Ellos se han comprometido en la reunión de la Ciudad de los Ángeles a organizar “piqueteos” en el Consulado Mexicano para demandar la libertad de Miguel Márquez Ríos y los once compañeros encarcelados en el reclusorio Oriente. Estos últimos días han sido difíciles para ellos. Recientemente sufrieron la pérdida de su dirigente fundador Ernesto Bustillos de una ejemplar vida militante. Pese a todo, la bandera tricolor con el águila y la serpiente ondea sobre nuestros puños en alto, mientras los agentes federales vestidos de civil no se cansan de fotografiar a nuestro contingente.

Cuando la movilización está por llegar al downtown de San Diego,  encauza su camino y se dirige al Hotel Marriot de cinco estrellas. Intempestivamente, como una serpiente humana que reclama justicia, entra y sale del vestíbulo del edificio ante las miradas atónitas de los huéspedes adinerados, el personal de seguridad y los elegantes conserjes que se resignan a escucharla y verla pasar  sin poder hacer nada. En ese momento, mientras los marchantes entraban al lujoso hotel de cinco estrellas, se gritaba a los huéspedes ¡Boicot el Marriott, sálgase ahora! (“Boycott the Marriott check-out now!”).

La marcha “sacó el pecho” al salir del Marriot. Parecía estar como en su mejor momento. Pero nuevos acontecimientos sacudieron las viejas formas tradicionales de la protesta social en está ciudad fronteriza con México donde hay un sólido asentamiento de complejos militares y grandes centros recreativos y comerciales de alto consumo para el turismo nacional e internacional.

¿Ocupación o liberación?

Al doblar la esquina de la calle Harbor Drive para tomar la avenida de la calle 1era la punta de la marcha tiene súbitamente otro giro. Sin mediar aviso entra intempestivamente en el centro comercial de Horton Plaza. Cientos de trabajadores con sus pancartas y sus consignas irrumpen en un espacio que por su condición económica se les es negado. Pasan por encima de la discriminación y la marginación subiendo y bajando escaleras, ignoran el glamour del lujo; no se quedan a mirase en el reflejo de las vitrinas para reconocerse, avanzan con la fuerza de un tornado rompiendo con la exclusividad de este sitio reservado para los ricos. No hay daños a la propiedad porque la propiedad no les importa. Ellos y ellas quieren trabajo, respeto, derechos sociales y libertad; mostrar la necesidad de lo que esta oculto. ¡¡Aquí estamos, y no nos vamos, y si nos sacan nos regresamos!!

En un instante, los asiduos visitantes de esta plaza y el personal de los mostradores se        confundieron con los maniquíes de cartón cuando quedaron petrificados. No le dio miedo porque los manifestantes nunca se proyectaron como una amenaza. Quizá –me atrevo decir- les dio vergüenza de frente a una realidad que se oculta en la jovial envoltura de la abundancia y el consumismo. No hubo agresiones no hubo daños. La marcha salió del centro comercial y se dirigió a las oficinas de la empresa  “Especialidades, Café y te”  que se niega a pactar un contrato colectivo con sus trabajadores y el edificio de City Bank. Miles de etiquetas multicolores quedaron adheridas a la superficie de sus cristales exigiendo ¡Contratación Colectiva Ya!

La marcha cruzo por el Centro de San Diego hasta llegar al parque de Petco Park contiguo al estadio de Beisbol de los Padres de San Diego se dirigió veloz hasta las puertas del tren ligero de San Diego. Cuando llegó a las puertas de la estación estaban clausuradas. La jornada fue cuadras adelante se disolvió en el parque donde comenzó entre sueños y pesadillas al estilo americano.

En San Diego, habrá nuevas convocatorias, se escribirán nuevos episodios de la lucha del pueblo norteamericano, pero por mucho tiempo no se olvidará el 31 de Marzo del 2012 en el marco del Aniversario de la Marcha de homenaje a Cesar Chávez.

FRATERNALMENTE

“Por el Derecho y la Justicia del Trabajador”

José Humberto Montes de Oca Luna

Secretario del Exterior

Sindicato Mexicano de Electricistas

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