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La misteriosa muerte de Amado Carrillo

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Pablo Cabañas Díaz

* Como consecuencia del fallecimiento oficial –que es distinto del deceso real–, El señor de los cielos estaría en el centro de la disputa que se lleva a cabo en el vigoroso mundo del narcotráfico desde 1999.

D e 41 años de edad, al momento de su muerte, la Drug Enforcement Administration (DEA) afirmaba que Amado Carrrillo Fuentes cambiaba frecuentemente de fisonomía mediante cirugía plástica. Su “estilo” era objeto de debate. Mientras que algunos decían que era muy violento y despiadado con los que lo traicionaban, había otros que lo describían como “conciliador y diplomático”, escurridizo y meticuloso. Era objeto de 26 investigaciones en Estados Unidos y México. Había dos órdenes de aprehensión en su contra en EU. La Procuraduría General de la República (PGR) giró orden de arresto en julio 1996, a petición del gobierno estadunidense. Antes de “morir” estuvo en la lista de los “10 más buscados” de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).

Los actos de Amado Carrillo Fuentes perduraron siempre ocultos bajo un velo de misterio. Hoy se sabe que entre mayo y julio de 1997 El señor de los cielos estuvo viajando a Rusia, Chile y Cuba. Sin embargo, en un “montaje” típico de los servicios de inteligencia, el 4 de julio de 1997 a las 21 horas, se anunciaba que el cadáver de Amado Carrillo Fuentes, estaba siendo preparado para su velorio en la finca del ejido El Guamuchilito, municipio de Navolato, a 60 kilómetros de Culiacán, Sinaloa, según indicaron sus familiares. El cuerpo embalsamado de quien se presumía era Carrillo Fuentes, salió a las 9:30 horas en un vuelo de Aeroméxico con destino a Culiacán. El narco había sido atendido en el hospital Santa Mónica, en donde fue operado por los médicos Jaime Godoy Singh, Ricardo Reyes Rincón y Carlos Humberto Ávila, mismos que en noviembre de 1997 fueron señalados por la PGR como responsables de los delitos de homicidio calificado (doloso) y contra la salud en la modalidad de administración de un narcótico prohibido.

El 5 de julio de 1997, fuentes de la funeraria García López, ubicada a una cuadra de la Secretaría de Gobernación, en el Distrito Federal, informaron que ésta fue la encargada de trasladar el cadáver a Culiacán, aunque el certificado de defunción fue realizado con el nombre de Antonio Flores Montes. Para efectuar esa acción se utilizó un ataúd metálico que tuvo un costo aproximado a 10 mil pesos, y añadieron que se trataba de una persona de aproximadamente 40 años de edad, estatura regular, con bigote y tez morena clara. Fue recogido por el gerente de la funeraria San Martín, de Culiacán, Juan Blanco. Según algunas fuentes, le fueron practicadas dos autopsias, una en la ciudad de México y otra en Culiacán, donde peritos de la PGR establecieron que la causa de la muerte fue un paro cardiovascular. Ese día, en Culiacán se escucharon diversos rumores sobre el funeral. Se decía que se trataba de una farsa para evadir a las autoridades. Por su parte, la PGR informó en un comunicado de prensa que desde el 4 de julio por la noche, recibió informes en el sentido de que “el conocido narcotraficante Amado Carrillo Fuentes (a) El señor de los cielos habría fallecido”. Precisaba la dependencia que “hasta este momento, y no obstante que personas allegadas al señor Carrillo Fuentes habrían corroborado la noticia, la Procuraduría General de la República no está en aptitud de confirmar estos informes. Esta confirmación –puntualizó la dependencia– se realizará hasta que se haya tenido acceso al cadáver y se haya realizado la inspección cadavérica, así como los análisis técnicos y forenses correspondientes”.

Más adelante, el boletín indicaba: “En virtud de la existencia de diversas órdenes de aprehensión giradas en contra de Amado Carrillo Fuentes, la Procuraduría General de la República está obligada a corroborar por todos los medios legales a su alcance la identidad del cadáver y su correspondencia con la del presunto responsable”. La señora Aurora Fuentes de Carrillo y sus hijas Bertha Alicia y Luz Bertila ingresaron a la funeraria San Martín para reclamar el supuesto cuerpo del capo . Eran las 22 horas de Culiacán y mientras la familia se reunía con los peritos de la PGR, la funeraria fue rodeada por unos 300 elementos de la Secretaría de Protección Ciudadana armados con rifles de alto poder, quienes impidieron el acceso a los medios de comunicación.

Al día siguiente, salió la señora Fuentes con sus hijas y al ser entrevistada por numerosos representantes de medios nacionales e internacionales insultó a los reporteros pidiéndoles que respetaran su dolor, mientras las hermanas gritaban que el cuerpo sí pertenecía a Amado Carrillo. Entre golpes, forcejeos e insultos, la señora abordó una camioneta Silverado 1997 placas de circulación VFV-7931, con vidrios blindados y polarizados, para dirigirse a su rancho El Guamuchilito. En tanto, los peritos de la PGR se mantuvieron dentro de la funeraria negando todo tipo de información. Ante la insistencia de que Carrillo se encontraba vivo, la versión oficial indicaba que “la PGR se encontraba realizando las diligencias de ley. Concluidas las investigaciones del caso, se informará a la opinión pública sobre los resultados y conclusiones”, terminaba el boletín oficial.

El cuerpo fue examinado por peritos de la PGR, pero en un boletín oficial la dependencia dijo no estar “en aptitud de confirmar” la muerte del capo , hasta no corroborar “la identidad del cadáver” y realizar análisis técnicos y forenses”. Públicamente sólo se conocen cuatro fotos del jefe del cártel de Juárez , entre ellas, las dos fichas que le imprimieron las procuradurías del Distrito Federal y General de la República en 1989, publicadas por El Financiero y El Universal . Ninguna tiene parecido entre sí. No era la primera vez que Carrillo Fuentes tejía sobre sí todo una estrategia para distraer tanto a las autoridades, como a sus adversarios.

La historia oficial de su muerte es la siguiente:

El médico de guardia ingresó a la habitación 407 del hospital Santa Mónica y halló sin vida al paciente zacatecano Antonio Flores Martínez, de 42 años de edad. Infarto al miocardio, se asentó en el acta de defunción. Al paciente le habían practicado una liposucción y una “amplia cirugía facial” que duró ocho horas. Flores Martínez era un nombre falso. Los domicilios que aportó no existen. Se trataría, señalaba la autoridad, que era Amado Carrillo Fuentes, sinaloense de 41 años de edad y el más poderoso narcotraficante del país. Hasta las primeras horas del 6 de julio, la PGR indicó que no podía, “afirmar con una total certeza si el cuerpo era de Carrillo”. Tampoco se había podido determinar la causa efectiva de la muerte de Flores Montes (o Carrillo Fuentes), pese a que ya se habían realizado una inspección cadavérica, necropsia de ley y una renecropsia, así como confrontación dactiloscópica.

De joven, en su natal Villa Ángel Flores, en Navolato, Sinaloa, a Amado Carrillo Fuentes le apodaban El zanate . Después utilizaría varios nombres falsos, sobre todo el de Juan Carlos Barrón Ortiz, y en los últimos años, casi reverencialmente, se le conocía como El señor de los cielos . Un hombre al que se atribuyó tanto poder monetario –miles de millones de dólares–, tanta influencia en altos mandos del gobierno para conseguir protección –por estar supuestamente a su servicio fue encarcelado nada menos que el general Jesús Gutiérrez Rebollo. Tanta fuerza corruptora –200 millones de dólares habría ofrecido entregar a funcionarios para “bajarle a la persecución”. Carrillo se libró de morir en un atentado en el restaurante Bali Hai, del Distrito Federal, en noviembre de 1993, ¿pudo morir solo y su alma en una cama de un hospital de tercera? Por ello, el 10 de julio de 1997, el director administrativo de la DEA, Jim Milford, señaló que apostaba su placa a que el cadáver pertenecía a Carrillo. “No lo diría si no fuera verdad”, dijo Milford, considerado como el de mayor jerarquía en la dependencia, luego del director Thomas Constantine. Por su parte, el embajador de México en Washington, Jesús Silva Herzog Flores, afirmó que la DEA ha cometido una “ligereza” al “certificar” que el cadáver asegurado por la PGR es el de Amado Carrillo ( El Financiero , 13-VII-97).

La muerte del capo –oficializada el 4 de julio por las autoridades– describe que Carrillo había muerto una semana antes, publicó en Chihuahua, Chihuahua, Semanario. Indica que el narco muerto tenía ya nuevo sucesor en la persona de Juan José Esparragoza Moreno alias El azul . En Ciudad Juárez, en un sitio cercano al palenque de Expo-Juárez, a El azul le fueron presentados saludos y cortesías de los principales capos , algunos empresarios y hasta magnates de medios de comunicación, describió la revista que edita Antonio Pinedo Cornejo ( Semanario , 26-VII-97). El 14 de agosto de 1997 el subsecretario chileno del Interior, Belisario Velasco, confirmó que el narcotraficante mexicano estuvo en Chile de mayo a junio de 1997. Todo indica que Chile se había convertido en el lugar de residencia de El señor de los cielos y sus principales lugartenientes. Días antes de su muerte, uno de sus hombres de confianza, Eduardo González Quirarte, partió de Chile con algunos de sus familiares hacia Europa, presuntamente a Londres.

De acuerdo al financiero de Amado Carrillo, Manuel de Jesús Bitar Tafich, había estrechos nexos entre El señor de los cielos y el expresidente Carlos Salinas de Gortari. El exfuncionario y el narco tuvieron su último encuentro este año en las calles de la exclusiva zona de El Vedado en La Habana, Cuba. Carrillo Fuentes tenía el apoyo de los servicios diplomáticos y de inteligencia cubanos y de los directivos del Citibank en la ciudad de México. Con este apoyo, Juan Antonio Arriaga, el alias que utilizaba El señor de los cielos fue recomendado por las autoridades del Citibank con el empresario chileno Jaime Ventura Cohen para realizar negocios en Chile. Ventura Cohen recibió una compensación de 400 mil dólares de parte de Amado Carrillo. La operación, incluyendo nombres falsos para ocultar las operaciones, fue similar a la que realizó con el mismo banco Raúl Salinas de Gortari.

La conexión entre Amado Carrillo, conocido en Cuba como Juan Antonio Arriaga, y el gobierno cubano presuntamente tuvo el apoyo del embajador mexicano Mario Moya Palencia y de su hijo Mario Moya Ibáñez. Carrillo Fuentes se hospedaba en una zona de residencias destinadas a visitantes distinguidos y diplomáticos a cargo de la dirección de Protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores. El 22 de septiembre de 1997, el gobierno de Cuba entregó a la PGR, vía diplomática, un informe sobre la estancia en la isla del narcotraficante mexicano y la posible complicidad de éste con autoridades diplomáticas mexicanas. Existe la posibilidad de que funcionarios, políticos y empresarios mexicanos brindaron ayuda al capo para instalarse en Cuba. En un documento calificado como “confidencial” y firmado por José Candía Ferreyra, jefe de la Dirección de Control de Procesos Penales, se da cuenta de los movimientos del narco en la isla. El documento, pletórico de contradicciones, sostiene que Carrillo estuvo relacionado afectivamente con la ciudadana cubana Marta Venus Cáceres, de la cual el gobierno cubano afirma que no “conocía” la verdadera identidad de Carrillo Fuentes ( El Financiero , 15-XII-97). El patroncito , como era llamado en Cuba, tenía amigos en el medio artístico y en el sector del turismo.

La negociación sobre la enorme fortuna de Carrillo –unos 10,000 millones de dólares– es el punto central para entender la desaparición del narco . Un reportaje de Proceso establece que Rafael Pérez Ayala –un abogado de Michoacán reclutado como articulista de Excélsior a partir de julio de 1976, cuando se echó de la dirección general del diario a Julio Scherer García–, sirvió de intermediario entre Carrillo y las autoridades de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) para pactar las condiciones de operación de su cártel ( Proceso , 9-XI-97). Con fecha 14 de enero de 1997 se tiene conocimiento de que los documentos sustraídos de la secretaría particular del general secretario Enrique Cervantes Aguirre y filtrados por Proceso , muestran que Carrillo ofreció a la Sedena un pacto que contemplaba los siguientes puntos: 1. Colaborar para acabar con el narcotráfico desorganizado. 2. Actuar como empresario y no como criminal. 3. No vender drogas en territorio mexicano, sino exportarlas a Estados Unidos y Europa. 4. Traer dólares y ayudar a la economía. 5. No actuar violentamente ni en rebeldía contra las autoridades ( Proceso , 27-VII-97). Pérez Ayala buscaba una concertacesión narcopolítica que permitiera llegar a los puntos planteados por Carrillo. Para lograr su objetivo se auxilió del general brigadier Jorge Mariano Maldonado Vega, exdirector de la Academia de Policía del DF, quien en la actualidad se encuentra en una cárcel militar de Jalisco. En el Ejército se le imputan a Maldonado Vega delitos relacionados con el tráfico de drogas.

Ante estos hechos, en los últimos días de septiembre de 1997, circularon notas de prensa que indican que Amado Carrillo no murió el 4 de julio pasado sino que se acogió al Programa de Protección a Testigos de la FBI y está proporcionando información privilegiada a esa dependencia ( La Crónica , 29-IX-97). Un vespertino de Santiago de Chile publicó de nueva cuenta información, sin fuente alguna de respaldo, respecto a que Amado Carrillo Fuentes no había muerto y trabajaba en realidad para la DEA ( La Segunda , 4-XI-97). Lo anterior supondría instalarse en la hipótesis de una autosustitución de personalidad y que surgiera la información desde el campo contrario o disputado. Hay antecedentes, en Sinaloa, Sonora y Chihuahua de suplantación de personas para hacer creer que alguien murió y seguir operando con identidad diferente. Muerto Carrillo Fuentes, ningún gobierno tendría que preocuparse por sus actividades, ni mucho menos perseguirlo como antes, bajo los reflectores de la notoriedad. Como consecuencia de su muerte oficial –que es distinta de su muerte real–, Carrillo Fuentes estaría en el centro de la disputa que se lleva a cabo en el mundo del narcotráfico desde 1999.

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